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21 julio 2009

"La Familia", el cártel del sexenio

foto.- narcomanta
JORGE CARRASCO ARAIZAGA
Surgida en la tierra natal del presidente Felipe Cal-derón y desarrollada ampliamente en lo que va de su sexenio, La Familia michoacana ya es una de las mayores organizaciones del narcotráfico del país. También representa el mayor peligro para las fuerzas federales, como lo demostró la ofensiva que desató entre los días 11 y 15 de julio. Por estas razones, el despliegue masivo de fuerzas federales en Michoacán hace prever días de inusitada violencia.Bastó la detención de algunos de sus liderazgos intermedios para que La Familia michoacana demostrara que es el grupo más aventajado en las enseñanzas de los efectivos de élite que hace una década desertaron del Ejército.Apenas después de tres años de haber construido su propia identidad, esa organización representa el desafío más evidente para la estrategia antinarco del gobierno federal, justamente en el estado natal de Felipe Calderón y donde como presidente inició sus operativos policiaco-militares.Los ataques que lanzó durante cinco días consecutivos, entre el sábado 11 y el miércoles 15, contra instalaciones de la Policía Federal en ocho municipios del estado, matando a una veintena de federales, más que mostrar desesperación como sostiene el gobierno de Calderón, indican que sus integrantes no temen a las fuerzas federales.Carlos Flores, investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), dice que el nuevo despliegue masivo de fuerzas federales en Michoacán anunciado el jueves 16 por el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, en su calidad de secretario ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional, no sólo va a fracasar como el Operativo Conjunto Chihuahua, sino puede agravar la violencia.La Familia es contemporánea de la presidencia de Felipe Calderón. El 22 de noviembre de 2006, una semana antes del cambio de gobierno, se dio a conocer mediante dos desplegados de prensa en Michoacán, valiéndose de una de las estrategias militares más efectivas: la propaganda y la contrapropaganda.Fue la primera demostración pública del conocimiento que adquirieron de los desertores del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (Gafes) y del Grupo Anfibio de Fuerzas Especiales (Ganfes) comprados a finales de la década pasada por el entonces jefe del cártel del Golfo, Osiel Cárdenas Guillén, para constituir su brazo armado, Los Zetas.Creadas por el Ejército en 1994 con motivo del levantamiento zapatista en Chiapas, las fuerzas especiales terminaron por aportar al narcotráfico la formación en contrainsurgencia que adquirieron en la Escuela de las Américas, del Comando Sur de Estados Unidos.Formación militarLa Familia aprendió de Los Zetas no sólo las técnicas en el uso de armas y artefactos de uso individual, sino también el valor de la explotación del terror y la idea de contar con una base social, explica Carlos Flores, cuya tesis de doctorado en ciencias políticas y sociales trata sobre la protección política del narcotráfico en Colombia y México.Considerada por la Procuraduría General de la República (PGR) como la organización más violenta y peligrosa que enfrenta el gobierno de Calderón, La Familia es la expresión más completa de la estrategia del cártel del Golfo de constituir células regionales para controlar el tráfico de drogas. Pero también representa su mayor fracaso, pues la célula terminó por independizarse y competir con sus antiguos jefes. Los primeros vínculos entre el cártel del Golfo y La Familia se establecieron en 2002, cuando el grupo michoacano se hacía llamar La Empresa. Fue una relación provechosa para ambos, pues le permitió al cártel de Osiel Cárdenas entrar en Michoacán con Los Zetas, y a La Empresa desarrollar sus actividades en la economía ilegal. Ya como La Familia, la alianza formal de estas organizaciones duró relativamente poco, pues de acuerdo con información de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), estuvo vigente entre 2006 y junio de 2008. Para el grupo michoacano esa relación fue especialmente productiva, ya que “fue entrenado como grupo paramilitar y por sus acciones se puede apreciar que salieron aventajados. Sus acciones como las decapitaciones, sus estrategias de propaganda y contrapropaganda y su lógica de apelar a la base social son producto del entrenamiento de la gente que perteneció a las fuerzas especiales del Ejército”, asegura Carlos Flores.El especialista, que actualmente realiza una investigación sobre el desarrollo del narcotráfico en Tamaulipas, dice que a los integrantes de La Familia “Los Zetas les enseñaron a disparar con fusiles de asalto, como los Kalashnikov y los R-15, así como la utilización de explosivos de tipo individual, como las granadas de fragmentación”.Pero lo más sustantivo, dice, es que los capacitaron para generar conflictos con distintos elementos, entre ellos el desarrollo de una base social. “Recordemos que el entrenamiento de las fuerzas especiales está diseñado para generar comandos que sean capaces de actuar en condiciones de lucha contra la subversión o generar condiciones de subversión, dependiendo de la prioridad del Estado. Se les prepara además con la capacidad de reproducir ese conocimiento hacia civiles. Fue lo que hicieron Los Zetas respecto a La Familia”. Considera que esta organización ha mostrado mucha efectividad en la guerra psicológica al cometer sus ejecuciones con saña para aterrorizar al máximo a sus enemigos.Además, reitera Flores, ha sido capaz de generar una estrategia de información y contrainformación: “Aparentemente hay mensajes encontrados. Unos, en los que respaldan a cierta autoridad federal y otros en donde expresan su confrontación”, como lo hizo el miércoles 15 un sujeto que se identificó como Servando Gómez Martínez, La Tuta, a quien los reportes policiales identifican como operador del grupo en Apatzingán, Arteaga y Lázaro Cárdenas.En medio de los letales ataques de La Familia a la Policía Federal, La Tuta llamó a la empresa local CB Televisión para decir que su organización respeta al Ejército, pero que su conflicto es con Genaro García Luna, secretario federal de Seguridad Pública, y con el procurador general de la República, Eduardo Medina Mora.“Más allá de la veracidad del argumento respecto a la protección o no de determinada autoridad, lo que es evidente es su pretensión de dividir al propio Estado.
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Este reportaje aparece publicado en la edición 1707 de la revista Proceso, que empezó a circular el pasado domingo 19 de julio.

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