LOS DEMONIOS ANDAN SUELTOS: PANDEMIAS, CAMPAÑAS POLÍTICO ELECTORALES
El país no estaba listo, no solo para enfrentar este virus de la influenza AH1N1, tampoco lo estuvo frente a la crisis financiera y ahora ante la crisis social. Por ello ya hay otra epidemia, para la que tampoco estábamos preparados: los efectos económicos-financieros como la quiebra y el cierre de las miles de pequeñas y medianas empresas particulares; de cientos de miles de nuevos desempleados, en suma lo más grave de la crisis económica en contra de los más necesitados que otorga este fenómeno global local que nos canceló el futuro. Y en consecuencia, una nueva plaga de miedo y depresión colectiva, con dos etapas una es la enfermedad, primero la invalidez, el desamparo y la indefensión, y luego el descontento social, en irritación por tanto tiempo contenidos, una pandemia para la que se requería una vacuna de legitimidad y autoridad moral, con liderazgo fuerte, creíble e indiscutible, no lo encontramos en el ámbito federal, así que en eso tampoco estábamos preparados. En lo político-electoral teníamos un escenario muy complejo antes de la epidemia donde casi todas las encuestas mostraban un gran número de electores que se mostraban entre la indecisión y la apatía por el rechazo a los partidos políticos y el desprestigio de la política y la total falta de credibilidad y capacidad de los funcionarios del Instituto Federal Electoral, esta desconfianza social otorga un aumento de niveles de abstencionismo. Las campañas que hoy inician serán insensibles, la gente esta angustiada por cuidar su salud y devastada por los efectos económicos y sociales que dejará esta pandemia: enfermedades con peligro de muerte, desempleo, retrasos académicos, los partidos y los candidatos se enfrascarán en sus luchas por el poder y aparecerán, ahora más que de costumbre, lejos de las necesidades y luchas reales del ciudadano. Con la aparición del descontento social hay un ambiente de incertidumbre que se vive por la epidemia y todo ello terminará por descontar la participación ciudadana en los comicios ¿Verdad que los demonios andan sueltos?
Es cuánto.
Es publicado por Ermo.
El país no estaba listo, no solo para enfrentar este virus de la influenza AH1N1, tampoco lo estuvo frente a la crisis financiera y ahora ante la crisis social. Por ello ya hay otra epidemia, para la que tampoco estábamos preparados: los efectos económicos-financieros como la quiebra y el cierre de las miles de pequeñas y medianas empresas particulares; de cientos de miles de nuevos desempleados, en suma lo más grave de la crisis económica en contra de los más necesitados que otorga este fenómeno global local que nos canceló el futuro. Y en consecuencia, una nueva plaga de miedo y depresión colectiva, con dos etapas una es la enfermedad, primero la invalidez, el desamparo y la indefensión, y luego el descontento social, en irritación por tanto tiempo contenidos, una pandemia para la que se requería una vacuna de legitimidad y autoridad moral, con liderazgo fuerte, creíble e indiscutible, no lo encontramos en el ámbito federal, así que en eso tampoco estábamos preparados. En lo político-electoral teníamos un escenario muy complejo antes de la epidemia donde casi todas las encuestas mostraban un gran número de electores que se mostraban entre la indecisión y la apatía por el rechazo a los partidos políticos y el desprestigio de la política y la total falta de credibilidad y capacidad de los funcionarios del Instituto Federal Electoral, esta desconfianza social otorga un aumento de niveles de abstencionismo. Las campañas que hoy inician serán insensibles, la gente esta angustiada por cuidar su salud y devastada por los efectos económicos y sociales que dejará esta pandemia: enfermedades con peligro de muerte, desempleo, retrasos académicos, los partidos y los candidatos se enfrascarán en sus luchas por el poder y aparecerán, ahora más que de costumbre, lejos de las necesidades y luchas reales del ciudadano. Con la aparición del descontento social hay un ambiente de incertidumbre que se vive por la epidemia y todo ello terminará por descontar la participación ciudadana en los comicios ¿Verdad que los demonios andan sueltos?
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